viernes, 17 de octubre de 2008

El lado oscuro del jodido corazón


El amor es una cagada.

Es la mejor definición que he escuchado nunca sobre este engañabobos para perpetuar la especie y la frustración: el amor (aqui relincharían los caballos, como en El Jovencito Frankenstein).

 

Lo llevo discutiendo desde siempre. De chica mi mejor amiga ya se enfadaba conmigo cuando quedaba con otra amiga del barrio, a la que veía como su rival. Me preguntaba si a ella la quería más, necesitaba escuchar que sí. Y yo ya me planteaba de dónde salían esas obsesiones y celos absurdos en la gente.

Pero lo que aún sigo sin entender, es cómo coño funciona esto del amor. Si le haces demasiado caso a alguien, malo. Si pasas mucho, malo también. Si te interesas lo justo, quiere más, hasta que acaba queriendo menos. Lo suyo es dar una de cal y otra de arena, jugar. Pero yo odio jugar con la gente que me importa, ¡es de locos!.

Y es que el amor, es una enfermedad mental: Se alía con la evolución, resguardando al ser humano de su propia racionalidad. Quién, en su sano juicio, va a querer buscarse una media hipoteca con la que tener hijitos que puedan terminar de pagarla entera. Da miedo, parece una condena. Con el amor, en cambio, todo parece cobrar sentido. Con tanta química revolucionada en nuestro cerebro, la percepción se distorsiona, y hace que aseguremos la procreación. La fiebre del amor dura dos o tres años, dicen, lo necesario para contribuir a una nueva generación, y vivir el suficiente tiempo engañado. Pero ...¿y luego? Nada, a seguir buscando otro amor para llenar el tremendo vacío existencial que dejó el anterior.

Pero...¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿Continuar con ella? Supongo que es todo más simple de lo que parece, y que quizá sea darnos demasiada importancia querer dejar una huella en el vasto devenir que es la vida. ¿Y por qué nos la complicaremos tanto entonces? ¿No sería mejor vivir el presente, sin planear nada? Dejarnos llevar, que sea todo mas natural. Probar, y si no funciona, seguir el camino sin traumas ni rencores.

 

Creo que la culpa de todo, o gran parte, es de la puta sociedad que estamos creando. Nos hemos convertido en autómatas atontados, asustados ante las limitaciones físicas y las autoimpuestas mentalmente. Estamos mucho más solos que antes, siempre ocupados en nuestras propias tristezas. Pensando en ser los mejores, en pisotear a quién sea con tal de ganar.Compitiendo hasta en la cola del súper, ¡que ninguna vieja caradura se me cuele! Que nadie sea más listo que yo, pa cabrón él, cabrona yo.

 

Me gustaría volver a tener 17 años, cuando conocía a los amores en los trenes, o con una jarra de cerveza delante. Mirando a los ojos. Bailando hasta el amanecer. Llevarme bien con todo el mundo, sin etiquetas, sin compromisos absurdos, o relaciones a plazos. Saber que alguien es tu pareja solo porque un día te das cuenta de que vais siempre cogidos de la mano. Poder decirle a alguien "me gustas" sin que se cague de miedo o salga corriendo por no querer responder. O poder echar un polvo sin tener resaca durante un mes.

 

¡¿Nadie ve películas de Woody Allen o que?!

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