domingo, 9 de marzo de 2008

Into the wild: La llamada de la naturaleza y el inconformismo

Polémico libro-reportaje sobre la historia de un joven norteamericano de "buena" familia. Dejó todas las comodidades de una vida facil y encarrilada para vivir una existencia consecuente con sus ideales. Pero sobretodo buscaba conseguir las respuestas a tantas y tan importantes dudas existenciales.

Unos lo acusaron de ser un ingenuo algo egocéntrico y demasiado seguro de sí mismo. Otros lo consideraron alguien con la suficiente valentía como para escapar de todo y empezar de nuevo. Quizá fuera ambas cosas. Lo que no se puede negar es que la historia de Chris McCandless resucita ese punto rebelde tan importante para el sentido de la existencia que por temor, dolor, o incapacidad, reprimimos constantemente.

Las citas de venerados autores, así como atractivas historias de personas encandiladas por los peligros de la naturaleza acompañan este magnífico relato que, años depués, ha sido llevado a la pantalla de la mano de Sean Penn.

Little Dragon, nuevos sonidos.



El obsoleto prototipo de las suecas/os que se nos ofrecía en curiosidades sociológicas como "Manolo La nuit" está siendo sustituido por una atrayente horneada de músicos que hacen las delicias de la sensibilidad musical.

Un claro ejemplo es el grupo de Goteborg Little Dragon, liderado por la polifacética Yukimi. Vocalista de grupos como Swell Session o Jafrosax, entre otros, arrastra toques del nu-jazz y trip hop en la nueva formación que lleva a cabo con Fredrick Källgren, Håkan Wirenstrand y Erik Bodin.

Música indie con matices de soul, electro-pop o funky donde sobresale una voz dulce y desgarrada.

http://www.little-dragon.se/


Constant Surprises





Forever




Sleepwalker afloat (ft yukimi nagano)




viernes, 7 de marzo de 2008

Hablar por hablar

 




¿Se ha sentido alguna vez burlada por el plantón de una amiga?

¿Su pareja le propone llevarla a cenar sin incluir el pequeño detalle de que será en casa de su suegra?

¿Aquel vecino que le prometió ayudarle con la mudanza se ha despertado con lumbago?

¿El tipo tan entrañable que conoció anoche se cambia hoy de acera cuando la ve?

Tranquila señora, aún podría ser peor.

 

Pero con el nuevo traductor de intenciones nocharlatans todo eso ¡va a cambiar!

 

 

Siempre he estado esperando ansiosa a que inventaran una máquina teletransportadora para que mi pobre monotonía tuviera un poco de vidilla, pudiendo comer un asado en Buenos Aires, para luego dormir la siesta en China, y tomarme el cafelito en Florencia.

 

Ahora sueño con el nocharlatans día sí día también.

 

Y es que no me entiendo con la gente de a pie, no hay manera. Parece que sus grandes bocazas se abren sin poder evitarlo para emitir extraños sonidos que provienen de unas cuerdas vocales de lo más informales.

 

Ya en la guardería me cabreaba enormemente que nos hablaran con esas voces ñoñas, tratando de engañarnos con que nos haríamos altos, esbeltos y guapos si nos comíamos toda la comida. No eramos gilipollas, solo niños. Además, yo siempre me comía la tortilla de la cristi y las lentejas de media mesa, de ser así hubiera sacado el tipito de Elle Mcferson, no el de Chenoa.

Ayy, si es que no entiendo por qué la gente no dice las cosas claras, nos ahorraríamos tanto tiempo, cabreos, tonterías y falsas sonrisas, ¿verdad?
Me hace gracia eso de "luego hablamos", o "mañana nos vemos", o "ya te llamo". Se que son expresiones frecuentes que esconden un simple adiós, pero no entiendo que de malo tiene la palabra para tener esa fobia a usarla...

 

Mas de una vez me he quedado esperando a alguien durante mucho rato hasta que me daba por llamarle para escuchar el típico "ah, pero como desde ayer no hemos confirmado nada...". Muy fuerte, de verdad.

 

Por no hablar de los millones de ofrecimientos amistosos o planes hechos con el mayor entusiasmo que al día siguiente se evaporaban detrás de cambios de tema radicales o caras de "uy, ¿esta de donde ha salido?".

Y bueno, que decir de los que siempre que te ven te dicen:

"A ver cuando nos tomamos un cafe"

Mi respuesta habitualmente sale a través de una super sonrisa maliciosa:

-Si casi tengo que perseguirte por toda la ciudad para que te pares a hablar conmigo...-

Pero ellos como si nada, los ojos hacia un lado, una sonrisita, y un "venga, tenemos que quedar ya sin falta la semana que viene".

Ofú, ¡¡es que encima parece que te están haciendo un favor!! No lo entiendo, de verdad que no.

Yo, desde luego, me niego a adoptar esa absurda técnica de hablar por hablar, con el fin de parecer amable y encantador en el momento, para despues quedar como un auténtico capullo.
Y mientras inventan de una puñetera vez un traductor simultáneo en condiciones, creo que mejor me voy a hacer la sordomuda para que nadie me moleste con tanta informalidad, tanta charlatanería, y tanta falsedad. He dicho.

viernes, 22 de febrero de 2008

Persépolis: una historia de vida



Cuando preguntaban a Marjane Satrapi qué quería ser de mayor siempre respondía que profeta. Sin duda era una niña peculiar.

Miembro de una familia progresista de Teherán, vió cómo su vida iba cambiando según se transformaba el régimen de su país. Las restricciones de las libertades individuales, la represión, la imposición del velo femenino o el estallido de la guerra Irán-Iraq fueron cambiando irremediablemente las circunstancias de todo un país. De tal modo, además, que la protagonista de esta historia se vió envuelta en un agitado peregrinaje de soledad, tristeza, aventuras y desventuras plasmado finalmente en una vida realmente interesante.

Tras estudiar Bellas Artes la autora se introduce en el mundo del cómic para narrar sus recuerdos. Y así, de la tragicómica descripción de su autobiografía surgieron, para nuestra suerte, un cómic y una peli bastante entretenidos, interesantes e ilustrativos.

viernes, 25 de enero de 2008

El tiempo no se pierde, se gasta. O cómo saisfacer las necesidades sociales.






Recuerdo todavía con pavor cómo mis amigas de la infancia se empeñaban en jugar a las casitas o las barbies, mientras yo insistía en que fuéramos a conquistar nuevos barrios con las bicis, o a robar a algún supermercado. Enseguida, ante tal frustración, decidí juntarme mejor con los niños del edificio, con los que me lo pasaba infinitamente mejor. Hacíamos fogatas en los descampados, nos colábamos en la piscina de los pijos, jodíamos el tráfico poniendo vallas de las obras, y le ganabamos a los edificios colindantes en las peleitas de globos. Eso sí que era vivir a tope, y no pasar las tardes imaginando que éramos efectivas amas de casa, o frívolas empresarias con cintura de abeja y novios repeinados.

Cuando nos juntábamos con las niñas en el patio, exclusivamente para jugar al conejo de la suerte, yo tenía entrenados a los mas guapos para que los besos solo me los dieran a mi. Esto provocaba cierto revuelo en las demás niñas, que no terminaban de comprender si es que yo era una machorra dominanta o una incipiente guarrilla.

Por las noches sacaba mi lado femenino a solas, jugando con mi nenuco a que yo era la madre secreta del hijo del cantante de Europe. Al principio había optado por George Michael, alentada por el póster de Feith, pero me habían dicho que estaba enfermo -por lo visto era bisexual ¿?-, y no quería dejar huérfano a mi niño tan pronto.

De verdad que intenté ser más normal echándome una mejor amiga -cuya única diversión era dar paseitos comiendo un helado, o que la acompañara a hacerse la cera-, pero tanta emoción pudo conmigo, así que volví a acercarme a los niños. Hasta que aparecieron las tres cosas que siempre me han puesto los pelos de punta: los juegos de mesa, la pley, y el fútbol.


Siempre he renegado de los hombres con esas aficiones, por eso de querer compartir gustos con mis amigos y no perder el tiempo en tonterías, pero eso hizo que mi campo de elección quedase bastante reducido. Y como siento que me falta un chip futbolero para pasarlo bien con las amistades masculinas, me ha dado por jugar a las casitas por probar suerte. Mi mayor entretenimiento en los ratos libres se está convirtiendo en ordenar los armarios, hacer comidas nuevas, o limpiar la cocina. Estoy preocupadísima.

Y a pesar de que a mi, y supongo que a todos, nos gustaría más gastar el tiempo en leer, viajar, ir a cenar, montar en bici, o hacer gamberradas... pues nada. Nos empeñamos en seguir jugando a lo aborregadamente establecido.

Ya mismo me veo en bata jugando al bingo casero con las vecinas que sacan las sillas en el bajo, a 20 céntimos el cartón, que la cosa no dá pa más. O aliándome con alguna vecina cotilla para consolarnos por el deterioro que ha traído la play a nuestras vidas.

Quizá todavía esté a tiempo de encontrar personas que, como yo, le gusten todavía más las gamberradas, ir a conocer mundo -aunque sea al pueblo de al lado- o a londres a pegarnos juergas a las seis de la tarde; ir de excursión a Tarifa, o hacer el cafre en Los Pirineros; o pasar la tarde como en el club de Bloomsbury, inventando poesías, o comentando pelis.

Quizá me siga pasando los días libres jugando a las casitas, esperando que mi amorcito termine de ver el fútbol, mientras sueño que tengo un amante y una amiga que prefiere ir de excursión a la playa o al cine, o me toca la lotería y me monto un harem de tios que jueguen a las casitas, mientras yo gasto mi tiempo por ejemplo jugando a la play.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Un plan perfecto







Siendo yo una cándida e incipiente adolescente se comentaba en el barrio que los que hacían la Formación profesional eran los que no daban para más. Cuando pasábamos mi amiga Pili y yo por los centros de mecánica a la vuelta del colegio, aquellos chicos tan brutos, sudorosos, llenos de grasa, me llamaban poderosamente la atención.

-Pues parecen normales. Y algunos están pa mojar pan. Qué lastima que estén tan limitados...-

 

A los pocos años empecé a escuchar también que ir a la Universidad no servía absolutamente para nada. Así que, como no se ponían de acuerdo, me quedé repitiendo 2º de BUP eternamente hasta tener claro qué era lo que tenía que hacer. Deberían haber sacado algún título de especialización en el instituto, estoy segura de que me hubieran nombrado coordinadora como mínimo, sobretodo en el área del bar.

 

Así empezaron las dudas sobre lo que hacer con mi vida, con las que estuve dos o tres años más, por si mientras se me ocurría algo brillante. Pero llegué a la más típica, vulgar y necesaria idea: ganar dinero. Se me podía haber ocurrido meterme a puta, pero no....pensé en ganarme "decentemente" las habichuelas siendo terriblemente explotada en bares, restaurantes, cafeterías, pubs, y hambuergueserías varias. Aguantando capullos, pijos con cara de asco, jipijos con cara de falsa empatía, salidos, borrachos, y una variada jungla de almas solitarias y autodestructivas que casi acaban por volverme mas loca de lo que ya estaba.

 

Un día tuve una gran revelación. La pija de turno miraba con desdén desde debajo de su enorme flequillo de medio lado los menús de hamburguesas light. Mientras le susurraba al novio lo que quería comer, para que él (que era el encargado de hablar en lugares públicos) me lo tradujera a mi, yo estaba ensimismada intentando descifrar qué era aquel extraño reflejo en el desmesurado collar de bolas plateadas de la pija.

 

Como Mia Farrow en "La semilla del diablo", cuando se sorprendía al verse reflectada en una tostadora devorando carne cruda, comprobé horrorizada cómo el reflejo abombado de aquella chica más quemada que la moto un hipie, con la gorra y la pajarita haciendo juego con semejante patetismo, era yo.

Esta vez no me hicieron falta 5 o 6 seis años, en un solo instante tuve mi segunda gran idea: estudiar en la Universidad.

 

El primer curso estaba motivadísma. Allí que iba cada día a las ocho de la madrugada con mis mejores galas, y hasta el rabillo del ojo pintado, para escuchar emocionada al profe de historia del mundo actual. Por fin me iba a enterar de cómo estaba la cosa, lástima que sus exposiciones se estancaron en los 80, como mi vecino de abajo.

Pronto comprendí que la palabra lisensiada solo tenía caché en los culebrones, que las demás asignaturas eran terriblemente insoportables, y que la universidad era el negocio del siglo, además de una de esas empresas donde hay que chuparle el culo (u otra cosa) a los superiores para conseguir algo.

Si, muchos andamos un poco perdidos, sin saber lo que queremos, o lo que hacer aunque no queramos, y mas agobiados que Tamara Presley en un desguace.

¿Montamos un mundo alternativo?

 

martes, 23 de octubre de 2007

Un lunes cualquiera


Llego a casa y las venas de la Patiño se enervan confabuladas con su agradable voz para darme la bienvenida, mientras mi madre me dedica una seria mirada de reojo con el índice en la boca a modo de "como quieras contarme cómo te ha ido el día estás apañada".
Con los ojos y el ceño fruncido para poder soportar el escándalo, espero al intermedio para decirle que han estado a punto de atropellarme, pero me da pena interrumpir su esperanzado asombro al ver que anuncian un nuevo programa donde operándote desde los pómulos hasta los juanetes te ofrecen la ansiada felicidad.

Decido salir por donde entré, necesito hablar con alguien, y me paso por casa de mi novio, que me dice que hablamos en cinco minutos porque está haciendo algo muy importante. Viendo el plan, llamo a mis compis del barrio para quedar en la cervecería de siempre.
Nada más entrar, la Vane se me tira a los brazos para preguntarme con gran enfásis por quinta vez...

¡¡nenaaaa!! ¿aprobaste el exámen pal' carné?

Armada de paciencia, intentando obviar las correspondientes 4 veces anteriores que le había contado lo de mi suspenso, le sonrío y me voy a por un cubata. Miguel, que es el mas bueno de la pandilla, se me acerca cabizbajo a la barra porque su novia le ha dejado, y mientras intento animarlo con consuelos reciclados, noto cómo su mano se va colando por mi cintura mientras los ojillos de tristeza se transforman en mirada babosa por la que hasta hace unos dias era su amiga del alma. Mi mente empieza a traicionarme de nuevo con la recurrente asociación de metralletas y adolescentes norteamericanos, asi que propongo salir a los bares antes de que sea demasiado tarde.

Despues de aguantar las entretenidas disertaciones sobre el partido del madrid o la gran pena del pobre Miguel durante horas, se me acerca un tipo atraído por mi camiseta de Metrópolis. Con chispas en los ojos le pregunto si conoce a Fritz Lang, pero se ve que él hablaba del nuevo bar de moda, a donde insiste tozudo en llevarme.

-Joder, ¿pues no saben ya que las frikis solo follamos cuando el tio nos recuerda a alguno de nuestros artistas favoritos?-

Pero estoy tan desesperada por hablar con alguien que decido acompañarlo a ese bar, total, con ese nombre no puede estar mal del todo, y quién sabe lo que nos depara la vida en cualquier esquina...
Como era de esperar, lo más interesante que consigo escuchar en lo que queda de noche es si quiero echar un polvo, eso sí, la escena maravillosamente aderezada con el grandioso último single del nuevo triunfito de moda, despues de un buen regetón.

Haciendo caso al sabio refranero popular que dice "mas vale malo conocido...", regreso a casa de mi novio. El angelito, que sigue enganchado a la play, me mira con cara extraña al verme pasar de esa guisa, pues ni se había percatado de mi ausencia de su casa en esas 5 horas.

A la mañana siguiente, con una resaca horrible del garrafón, en el trabajo el encargado me exige de malos modos que le ofrezca a los clientes un menú superior de su sana comida basura, y que lo haga con una grannnn sonrisa, justo esa que se me ha quedado despues de dejarme las manos limpiando los baños y las freidoras durante toda la mañana.

Cuando regreso del curro aprovecho para hacer la compra en el super de la esquina, y aunque trato de darme prisa, la vecina acaba como siempre cerrandome la puerta del portal en las narices. Cargada de bolsas, cual Carmen Maura en "qué hecho yo para merecer esto", me dejo caer de culo en pleno descansillo a modo de huelga esperando que el techo se derrumbe, que los tomates que han salido rodando se frenen en los pies de algún psicópata que le de por secuestrarme, o aunque sea que el butanero le de por hacerme un favorcillo antes de llegar al quinto.

Pero nada, nunca pasa nada, y una vez más, me veo atrapada dentro un lunes cualquiera.

viernes, 4 de mayo de 2007

La perdida





¿Habéis barajado alguna vez la posibilidad de que cualquiera os pueda leer la mente? Qué sensación más horrorosa, por Dios.

Hablando de Dios, con él fue con quien me introduje en esta experiencia cercana al existencialismo. Fue durante la catequesis, con solo siete añitos tenía que ir tres tardes por semana a la parroquia, que estaba en el quinto pino, a escuchar las tonterías que nos contaba la ñoña de la catequista. Por el camino intentaba concentrarme por todos los medios para dejar de cagarme en Dios y los doce apóstoles, no fuera a ser que El padre consiguiera adivinar mis pensamientos. Y es que, aunque estaba casi segura de que su existencia era un cuento chino de los curas, por si las moscas no quería que se fuera a enfadar conmigo y me mandara algún castigo aún peor que aquellas largas y aburridas tardes de oración.

Pero vaya si lo hizo. Pronto la señorita Rotenmeyer llamó a mi madre para decirle que mejor repitiera los cursos de catequesis, puesto que aún era demasiado pequeña para hacer la comunión.
-¡Mierda! ¡Lo sabía! Dios ha conseguido enterarse de todas las injurias que le he echado-
Así que, apenada y aplicada, tuve que soportar otro invierno más de adoctrinamiento católico.

Pasó el año y en esta ocasión fue el cura el que llamó a mi madre. Le dijo que no me veía capacitada para recibir el cuerpo de Cristo, porque no había conseguido aprenderme ni los diez mandamientos, y porque tenía una forma de pensar bastante cercana a la herejía.
Mi madre, fuera de sí, ayudó poco a la causa mandando al cura al diablo, por lo que Dios, que también escuchaba todas las conversaciones telefónicas, me aumentó la pena a tres años.

Ya estaba marcada para siempre. Se sabía que todos los repetidores del cole eran unos echados a perder, y yo para más inri era repetidora de catequesis. Sin comerlo ni beberlo me había convertido con solo ocho años en una perdida.

Por circunstancias de la vida ese año nos fuimos a vivir a otra ciudad -Mmmm, ahora que caigo, lo mismo fue Dios el que se encargó de trasladar a mi madre para quitarme de en medio...-
En la nueva parroquia todo era diferente, la catequista se apiadó de mí y pronto conseguí el pase para acabar con aquella condena de una buena vez. Pero quedaba la última prueba: la Comunión.

Me prestaron un vestido tres tallas más grande, y me agencié de un bolsito de esos pequeñitos de putilla cándida, y de un crucifijo enorme que le daba el punto ochentero a la vestimenta. Ya me veía berreando en latín para la ocasión, cual la niña de "El exorcista", dándole algún otro uso al crucifijo. Pero estaba equivocada: el día de mi comunión, en contra de mis expectativas, tuve una revelación.
Con todos aquellos desconocidos vestidos de blanco, las velas, el olor a incienso, y la retumbante voz del cura que se mostraba frente a mí colosal y bondadoso, perdonando mis pecados, me sentí como Tom Cruise en "Eyes wide shut", excitadamente aturdida, tanto que caí rendida a las redes de la parafernalia eclesiástica y me dejé inundar por el éxtasis celestial hasta el punto de cogerle el gustillo a aquello.

Tanto fue así, que a los pocos meses decidí apuntarme a la catequesis de postcomunión. A mi madre le iba a dar algo a la pobre. -Que rarita me ha salido la niña, joe. ¡Pues no se me ha vuelto beata despues de tó!-

Pronto descubrí que mi dualidad existencialista era la que provocaba tal amor-odio por la Iglesia. Me encantaba ir a la parroquia, y amaba profundamente a mi guía espiritual. Bueno, en realidad es que era el único sitio donde soportaban mis desafinados cantos sin mandarme a callar, y podía darle un beso a los chicos más guapos del barrio -que fichaba a la entrada de misa- cuando por fin decía el cura eso de "dense la paz". Además, no podía olvidar el hecho de que estaba locamente enamorada del catequista. Era un hombre de cincuentaytantos, con barriga y pelos en la nariz, pero Dios quiso ponerme en su camino, y yo no podía negarme a la providencia divina.


Los domingos por la mañana una fuerza irrefrenable me despertaba temprano para conducirme a misa. Tras varios minutos de duda en el quicio de la puerta, me armaba de valor para mandar al carajo mi lucha entre el bien y el mal, y entraba. Pero pasaron los años y llegó la época esa en la que siempre es primavera. Volvieron a mí los malos pensamientos sobre Dios, esta vez escandalosamente impuros. Debía rendirme a mi sino, era una perdida.

Como Catherine Deneuve en la buñueliana "Belle de jour", miraba al cristo colgado en la cruz y de repente acudían a mi mente un sinfín de fantasías depravadas que buscaban atormentarme y llevarme hacia el lado oscuro. Estaba claro, en aquellas circunstancias -enamorada de un catequista, y montándome escenitas subidas de tono con el Señor-, iba a ir directa al infierno de la depravación, algo un poco peligroso para una recluta impúber.

Pero finalmente me dí cuenta de que todo aquel juego mental no solo no era peligroso, si no que era lo mejor que me había podido pasar. En aquel mundo aburrido de regañinas, sermones, clases de historia, y tardes con la vecina, podía divertirme como quisiera modelando la visión del mundo a mi forma.

Hoy todavía siguen acudiendo a mí por donde quiera que voy las injurias, los pensamientos impuros, incluso las mofas crueles a pobres inocentes. Y aunque a veces me resulta angustioso pensar que alguien pueda leerme la mente... que bien me lo paso montándome numeritos con el carnicero esperando mi turno, torturando al dentista, descuartizando a mi jefe, riéndome de la coja de los cupones, o cagándome en Dios.

 

 

sábado, 21 de abril de 2007

Jorge Drexler, de poeta a trovador.

Este polifacético cantautor uruguayo, nacido en 1964 en Montevideo, siendo un niño ya se empezó a aficionar a la música. Médico de formación y artista de profesión, pronto se convirtió en un gran músico, compositor y cantante, pero por encima de todo poeta.

Aúna a la perfección sus composiciones a las nuevas tecnologías, dándoles un fresco aire electrónico que tan bien combina con sus innovadoras letras y su cálida voz.

Admirador de grandes como The Beatles, Radio Head o Sabina, no tiene demasiado que envidiar a ninguno de ellos, pues es sin duda uno de los más atractivos y modernos trovadores del panorama actual.

http://www.jorgedrexler.com/






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SUS OBRAS:
Ha recibido numerosos premios por sus obras, entre ellos el Oscar a la mejor canción original por “Al otro lado del río”, perteneciente a la banda sonora de la película “Diarios de motocicleta”, que recibió en una controvertida gala que hizo que adquiriese la fama mediática en España.

Su discografía:
“La luz que sabe robar” (1992)
“Radar” (1994)
“Vaivén”(1996)
“Llueve”(1998)
“Frontera”(1999)
“Sea”(2001)
“Eco” (2004)
“Eco²” (2005)
“12 segundos de oscuridad” (2006)

FUENTE: página oficial de Jorge Drexler.

jueves, 19 de abril de 2007

Mamá, quiero ser mileurista

 




Ha vuelto a llover en mi ciudad. De nuevo asoman los caracoles sus existencialistas cuernecillos por los bordes de las aceras. ¿Por qué se empeñarán en avanzar hacia el asfalto? La mayoría de la gente camina tan tranquila sobre ellos. Se ve que los crujientes chasquidos asesinos les anima a seguir con el sádico juego, como el que se entretiene pisando hojas secas, o alguna patata frita perdida.

Intentando esquivarlos esta tarde de vuelta a casa, al estilo de Jack Nicholson en "Mejor Imposible", uno de ellos me hizo frenar en seco uno de mis diagonales pasos. Como cuando su madre lo trajo al mundo, allí se encontraba el pobre molusco, caminando apenado bajo la lluvia sin casa donde refugiarse. -Qué raro-, pensé, -un caracol desconchado-. Pero no era el único, al fijarme bien en el suelo, había unos cuantos, de diferentes tamaños, que no llevaban la casa a cuestas. -Ya ni los caracoles pueden acceder a una vivienda, ¡cómo está el mundo!-

Y es que hasta en las canciones se nota el caos que estamos sufriendo. Ya las jovencitas no quieren ser artistas, como pasaba en la época yeyé de Concha Velasco, ahora las metas están más orientadas a vender nuestra alma al Banco Mundial para conseguir una ínfima parcelita de la economía globalizadora, donde al menos poder caernos muertos. Además, el politeísmo está otra vez de moda, y Ra o Alá han sido sustituidos por Coca-cola o Nike.
Ahora en vez de cantarse eso de "Mamá, quiero ser artissstaaaaa", hay una nueva versión que viene a decir algo así como "Mamá, quiero ser mileuristaaaa". Porque aunque la palabreja tenga el suficiente gancho para referirse a una generación, el que la inventó sabrá que ya es raro el que llega a cobrar los novecientos, ¿no?.

Al llegar a casa caí desplomada en el sofá pensando todavía en lo injusto de los motes. Y es que en realidad a los de veintytantos-treintaypocos nos deberían ver como la generación del eslabón perdido. Se nos prometió que estudiando mucho llegaríamos a ser alguien -y tener un muy aceptable sueldo-, pero nuestros puestos los ocupan todavía los hippies revolucionarios venidos a menos. Y cuando les toque el turno de ser despedidos -o con suerte prejubilarse a los 50-, los empresarios que no hayan deslocalizado sus empleos a países llenos de pobres preferirán dejar los dos o tres contratos "indefinidos" -já- de su empresa a los dos o tres espabilados de la generación del reguetón que hayan sabido dosificar los encantos del éxtasis y los afterhour.

Despues de tan ardua disertación interior, pensé que la mejor forma de dejar de pensar, y por tanto de angustiarme, era conectarme a la máquina productora de encefalogramas planos. Sí, la tele.

El programa de Juan y Medio, con los graciosos viejecillos en busca de alguien con quien compartir su soledad, me llevó en seguida a los brazos de Morfeo. De repente me ví atrapada en una horrible pesadilla: sentada en los mismos asientos del plató de Canal Sur, allí estaba yo con mi traje de ir a las bodas. Pero el programa lo llevaba la del diario de Patricia, y yo, en vez de ir a buscar a mi media naranja, por lo visto estaba allí para conocer por fin en persona a mi media hipoteca.

La presentadora le contaba al público que nos habíamos conocido a través de un típico anuncio del periódico. En los monitores del programa se veía un recorte del periódico donde, en vez de poner algo así como "Morenazo cachondo busca rubia tetona lo más tonta posible para rato divertido", decía: "Medio piso por pagar busca nómina lo más indefinida posible para hipoteca de por vida".
-Qué sueño más surrealista, joder, ni al mismísimo Jodorowsky se le hubiera ocurrido semejante aberración-

Muerta de miedo, vi aparecer tras la puerta a un chaval con toda la cara del ex de Rociíto, que corría hacia mí para pegarme un apretujón, mientras buscaba disimuladamente en mis bolsillos el contrato indefinido que tanto ansiaba. Patricia nos preguntaba falsamente emocionada cómo sería nuestra futura vida en común, y el chico, en vez de hablar de los planes de boda, explicó excitado cómo sería el día de la firma de la hipoteca, y que tendríamos dos o tres préstamos en vez de niños, y en lugar de suegra un interés variable.

Me desperté justo antes de darme un infarto, a punto de echarme a llorar, pero cada vez más convencida de lo que quiero en la vida. Y es que, haciendo cuentas, he llegado a la conclusión de que: si tengo que pagar una hipoteca de unos 800 euros al mes durante 40 años, vivir toda la vida explotada 48 horas semanales, anclada en el mismo piso cutre, todo el día viéndole la cara a mi media hipoteca, a pan y cebolla pero sin amor, y acojonada y estresada por las visitas del interés variable... Si encima, cuando todavía me queden diez o quince años de pagos ya estaré jubilada, y mi pensión no me llegará ni para pagar la comunidad....
Prefiero colgarme de un árbol y reencarnarme en David Beckham. Bueno, o vivir toda la vida con mi mamá.